Responsabilidad Social, Seguridad Industrial y Salud

El sábado pasado mientras cambiaba de canales, me detuve al ver en la pantalla a Carmen Aristegui, pues la considero excelente periodista y siempre toca temas de actualidad que me hacen pensar.

Aunque sólamente vi la parte final del programa, el tema que estaban tratando se relacionaba directamente con la seguridad industrial y la salud de las personas.  Dos mujeres entrevistadas -que infortunadamente no supe sus nombres- hablaban de cómo en México los niños que trabajan en plantaciones industriales están expuestos a plaguicidas sin ninguna protección.

Estas mujeres con justificada preocupación mencionaban que en muchas plantaciones, los niños trabajan largas jornadas y que para calmar la sed bebían agua en los recipientes antes mencionados.  Decían además que el uso de tales recipientes no se limitaba a los niños e indicaron anecdóticamente que un trabajador rellenó uno de estos recipientes con tequila, por supuesto murió y se culpo de su muerte a la “embriaguez” cuando evidentemente habia sido envenenado por el plaguicida.

Mientras transcurría el programa, no pude más que sentir profundo dolor y repudio por esas prácticas que evidentemente no solo ocurren en México, sino en muchos otros países del mundo.

Esto me lleva a expresar mi repudio por las malas prácticas de seguridad industrial de quienes no disponen de los recipientes de manera apropiada para evitar que otras personas los tengan disponibles.

Expreso también mi repudio por quienes les dan trabajo a las personas sin informarles de los riesgos asociados a su trabajo.

No es la primera vez que me encuentro con imágenes horribles como la que mostraron en el programa, -una niña con el recipiente en su boca- y lo que más tristeza me da, es que estoy seguro que no será la última. Mientras haya algunas personas ignorantes y otras sin ninguna responsabilidad social, seguiremos presenciando estos espectáculos grotescos.

Cuantas veces vemos a nuestros compañeros de trabajo realizando actos inseguros y no llamamos su atención, cuantas veces cerramos los ojos ante lo que ocurre en nuestra área de influencia y cuantas vidas se deterioran o se pierden por esa falta de conocimiento?  Es hora de que todos revisemos nuestra posición ante los hechos que presenciamos y que ilustremos a los que no tienen el conocimiento de los riesgos a los que se exponen.

HSE bajo la óptica de la contratación

HSE, tres letras que paulatinamente han venido ganando identidad por sí solas para amalgamar la Salud Ocupacional, la Seguridad Industrial y el Medio Ambiente, como exigencias primordiales en la cultura empresarial.

El tema cobra mayor trascendencia no solo en los sectores petrolero, minero y petroquímico, caracterizados por procesos y operaciones de alto riesgo que pueden afectar negativamente a las personas, las instalaciones y el medio ambiente, sino también en otros sectores industriales que empiezan también a reconocer la importancia de optimizar la prevención y control de los factores de riesgo inherentes a sus industrias.

No pocas de estas compañías se caracterizan porque elevados porcentajes:

  • Del personal que trabaja en sus oficinas e instalaciones de campo, no son sus empleados directos.
  • De su presupuesto de compras y contratación, lo ejecutan a través de terceros.
  • De los accidentes e incidentes en HSE, le ocurren a individuos que son sus contratistas o proveedores.

Por estas razones, hacen ingentes esfuerzos en primera instancia, para fortalecer sus políticas en HSE, interiorizando estos principios de vida en sus empleados.

El reto complementario que enfrentan es asegurar que sus contratistas y proveedores den cumplimiento con el mismo grado de responsabilidad y eficiencia a las mismas exigencias en materia de HSE.

¿Cómo hacerlo? Es la pregunta. 

Evolución del desempeño en HSE

Hace dos lustros o más, en las etapas tempranas de investigación de mercados, se solicitaba ya información sobre el desempeño en HSE de los potenciales proponentes para la construcción de un obra o prestación de un servicio; la respuesta era incipiente en la medida en que no existían indicadores de origen exógeno al potencial proponente que acreditaran con un elevado nivel de certeza, su desempeño histórico en HSE. La información provenía básicamente de entidades gubernamentales.

Entidades certificadoras

A finales de los 90s las empresas petroleras de algunos países deciden exigir estándares mínimos de HSE a sus proponentes certificados por entidades externas con el fin de contar con información confiable de su gestión, permitiendo en etapas tempranas conocer su desempeño en esta materia

Administradoras de Riesgos Profesionales

Las Administradoras de Riesgos Profesionales (ARP) o el seguro social, responsables por prevenir, atender y proteger a los trabajadores de los efectos causados por accidentes y enfermedades que puedan ocurrirles con ocasión o como consecuencia del trabajo que desarrollan,  deben manejar estadísticas a nivel de:

  • Reservas de siniestros (accidentes de trabajo o enfermedad profesional)  avisados.
  • Clasificación de riesgos dado por la naturaleza de la empresa:  Como son biológicos, por responsabilidad del empleador, debilidad en prevención, por severidad de acuerdo a la accidentalidad,
  • Programas de prevención los cuales ofrecen a las empresas.    Estas administradoras tienen directores integrales de servicios que hacen seguimiento a las empresas para determinar que cumplan las condiciones mínimas de seguridad y prevención laboral

Esta información es solicitada por Ministerios y entidades de control, por lo tanto se hace necesario que las las administradoras tengan información al respecto.

Precalificación en HSE

Se recomienda entonces, cuando se realizan investigaciones de preselección de potenciales proponentes, solicitar en esta etapa del proceso la certificación de una entidad externa calificada y a los potenciales proponentes  presentar los certificados de accidentes o enfermedades profesionales emitidos por su correspondiente Administradora de riesgos profesionales o el seguro social.
La información obtenida en estas instancias, permite aceptar oportunamente, solo aquellas compañías que cumplen con unas condiciones mínimas predeterminadas en HSE, antes de iniciar procesos formales de contratación directa; fuente única o procesos competitivos, evitando tener que rechazar compañías en etapas más avanzadas del proceso, en las que descartar una propuesta significa una pérdida de tiempo, recursos, además de haber despertado una expectativa en un proveedor que no cumple con las exigencias esperadas de  desempeño.

Pautas en la solicitud y evaluación de propuestas

Como resultado de un proceso de preselección, una vez identificado un número razonable de compañías que están en capacidad de presentar propuestas  porque satisfacen unas exigencias mínimas, desde el punto de vista de experiencia y desempeño en materia técnica y de HSE, se recomienda en el desarrollo de procesos de selección de contratistas, solicitar propuestas independientes en el ámbito de HSE, técnico y comercial. La primera se debe plasmar en una presentación del sistema de gestión en HSE del potencial proponente.

Un camino sensato en la evaluación de propuestas es el siguiente:

  • Calificar en primera instancia las propuestas de HSE
  • A continuación, calificar las propuestas técnicas de quienes cumplieron las exigencias mínimas de HSE
  • A renglón seguido, calificar las propuestas comerciales de quienes pasaron la calificación de HSE y técnica

De esta manera se eliminan en cada instancia, propuestas extremas que por defecto o por exceso, comprometen los resultados del proceso por una equivocada interpretación del alcance de los servicios. Por supuesto solo una adecuada planeación permitirá contar con el tiempo suficiente para desarrollar estas actividades en línea; en caso contrario será necesario efectuarlas simultáneamente, deteriorándose el efecto positivo antes mencionado.

Preocupaciones del orden contractual

Alrededor de las propuestas de HSE han existido varias preocupaciones de las cuales quisiera rescatar tres en particular:

  • La primera tiene que ver con la manera como se pueden remunerar los costos que se generan por HSE. La discusión ha sido, si se puede configurar un rubro de pago específico – por ejemplo un precio unitario fijo o incluso una tarifa fija  - para reconocer este costo. Definitivamente la práctica ha demostrado que no es recomendable hacerlo. Los incumplimientos en materia de HSE son difíciles de cuantificar o valorar; muchas veces tiene matices y en ese caso no es factible rechazar el pago en su totalidad; sería necesario entonces entrar a acordar en que porcentaje se cumplió el rubro de pago, lo que complica innecesariamente el proceso de facturación. Por consiguiente es recomendable que el contratista incluya  los costos de HSE dentro de los gastos generales de administración y así pueda recuperarlos dentro del esquema convencional de Administración Impuestos y Utilidades, en el caso de contratos de construcción.
  • La segunda se relaciona con combinar en un mismo proceso competitivo compañías que ya conocen las exigencias y requisitos del contratante en materia de HSE, porque son contratistas regulares prestando un cierto tipo de servicio, con compañías que no lo han hecho en el pasado. La analogía que aplica es la de entrar a un cuarto oscuro en el que de antemano, se han dispuesto numerosos muebles y enseres. El contratista experimentado sabe incluso donde se encuentra el interruptor y como están dispuestos los muebles, por consiguiente podrá moverse entre ellos con mayor solvencia. El contratista nuevo por su parte, dará palos de ciego antes de empezar a acomodarse, mientras conoce la distribución del cuarto. Su curva de aprendizaje será mayor con las correspondientes consecuencias desfavorables.
  • Por otro lado, los contratistas experimentados en HSE se quejan de que los contratistas nuevos no están en capacidad de valorar adecuadamente los costos de HSE y por esa razón tienden a presentar  ofertas sensiblemente más bajas que aquellos que conocen en detalle el contenido e impacto comercial de las exigencias de HSE, afectándose la equidad que debe acompañar el proceso.

De ahí la necesidad de realizar reuniones previas a la presentación de propuestas que permitan normalizar la información que tienen los distintos proponentes sobre las exigencias de HSE y asegurar que presenten propuestas competitivas en igualdad de condiciones.

Plan de mejoramiento

Una vez seleccionado el contratista, la comparación de los resultados de su propuesta de HSE con las expectativas o estándares básicos de la compañía contratante, permite establecer la brecha de desempeño que tiene el contratista al momento de iniciar la construcción de una obra o la prestación de los servicios.
Esta brecha es una oportunidad para configurar un plan de mejoramiento que deberá ponerse en marcha, aplicándolo incluso a aquellas actividades propias de la movilización; a lo largo de la vida del contrato deberá aplicarse un adecuado control y monitoreo del mismo. Será la carta de navegación que permita controlar y monitorear la gestión del contratista  en HSE.

Calificación de riesgos

Regresando al entorno de las compañías contratantes, surge la inquietud de cómo ponderar el riesgo de un determinado servicio o suministro. La definición de este nivel de riesgo supone la dedicación de recursos; la priorización de los contratistas; la mayor o menor intensidad en el seguimiento y control del desempeño, entre otras actividades. Las compañías contratantes no cuentan con recursos ilimitados que permitan un seguimiento con el mismo grado de intensidad para todo tipo de contrato.
Desde un principio, se vienen aplicando distintas matrices de riesgo que permiten calificar los servicios y suministros de acuerdo con dicho nivel de riesgo, pero no existía un enfoque que estableciera una clara diferenciación entre aquellos contratos de riesgo a los cuales se aplican las exigencias de HSE en toda su dimensión y a cuales no, en la medida que son contratos de riesgo mínimo. Recientemente se ha precisado una manera para lograr dicha diferenciación: Identificar cuáles son aquellos servicios o suministros sobre los cuales la empresa contratante tiene control directo y que básicamente corresponden a servicios y suministros dentro de sus instalaciones y sobre los cuales puede establecer exigencias específicas y sobre cuáles tiene influencia, en cuyo caso podría sugerir pero no exigir el cumplimiento de dichas exigencias.

Herramienta para calificación del riesgo

En la actualidad una empresa del sector petrolero ha desarrollado una herramienta para  calificar el nivel de riesgo teniendo en cuenta las características del servicio, la ubicación donde se presta, la probabilidad de ocurrencia de incidentes, el impacto potencial de los mismos y el grado de control; dicha herramienta permite un acercamiento consistente para clasificar servicios críticos en los distintos sectores estratégicos de compras y contratación, ponderando distintos factores tales como: HSE; seguridad; desempeño; talento humano; contenido local; innovación tecnológica; estabilidad financiera; auditorias; reputación: Los resultados se confrontan en una matriz que establece diferenciaciones para los distintos tipos de servicios al comparar la criticidad del servicio vs. el monto del gasto. Se agrupan entonces en tres grandes grupos:

Grupo 1: Aplicable a servicios o suministros de alta criticidad o riesgo o con un elevado monto del gasto.
Grupo 2: Criticidad/riesgo medio o nivel medio de gasto.
Grupo 3: Baja criticidad o bajo nivel de gasto.

Calificacion riesgo

Entrenamiento del talento humano

Es tan complejo el proceso de asegurar resultados satisfactorios de HSE en una relación contractual que uno de los ingredientes para una receta satisfactoria, es brindar el entrenamiento requerido en la materia, en forma sostenida a los distintos actores según las necesidades específicas de sus roles y responsabilidades en HSE: Los especialistas en contratación de la compañía contratante,  sus responsables de la gestión de contratos y el personal del contratista. Por supuesto la función de HSE en ambos lados de la cerca: Contratante y contratista, es la llamada a facilitar y asegurar la gestión integral de HSE, sin que se asuma que son ellos como función los únicos responsables; HSE es un principio de liderazgo que se vive en primera persona.

 Herramientas operativas

Durante la ejecución del contrato, una herramienta o mecanismo que ha probado ser efectivo para controlar el plan de mejoramiento; identificar fortalezas y debilidades y poner en marcha medidas de mitigación es la realización de reuniones de desempeño  para efectuar revisiones, al menos trimestrales del desarrollo del contrato. Permiten hacer una revisión de lo acontecido en el período anterior, resaltando logros y dificultades; identificando áreas críticas y proyectando retos para el siguiente período. Es el entorno adecuado para revisar la gestión de HSE y sus indicadores de desempeño.

Lecciones aprendidas

Por supuesto un entorno de mejoramiento continuo, supone una adecuada y oportuna identificación de lecciones aprendidas que permitan por ejemplo mejorar el alcance original de los servicios durante la ejecución del contrato; registrándolas a través de los correspondientes otrosíes, asegurando una adecuada divulgación para facilitar el aprendizaje no solo dentro de la compañía contratante sino también en el contratista.

Tendencias

El desarrollo de sistemas de gestión cimentados en procesos, que enfatizan el manejo de la integridad para identificar peligros, identificar amenazas y peligros, valorar riesgos y asegurar un control sistemático de peligros mayores en las operaciones, constituye una evidencia de un viraje direccional en la gestión de contratistas y proveedores. Es necesario profundizar la evaluación de desempeño y  hacer más exigentes los criterios de selección de contratistas para asegurar que sus prácticas y procesos estén alineados con los estándares corporativos y de industria.

Es imperativo propiciar comportamientos en HSE que aseguren un desempeño de excepción. Argumentos de motivación y reconocimiento son indispensables para lograr dicho desempeño. Se requiere articular mecanismos creativos que permitan efectuar reconocimientos a los contratistas y más que a estos a su personal., sin que necesariamente deba plasmarse en un contenido monetario.

Las mejores prácticas

Hace unos días he sido testigo de un evento tan inverosímil que he tenido que darme tiempo de recuperación antes de escribir este artículo.

Un personaje a cargo de una operación de izaje de cargas, que su hoja de vida menciona haber recibido cursos de certificación tanto de izaje como de normas ISO y por lo que se me informó, en esos cursos fué sobresaliente, se encontró con que las personas del grupo de trabajo que iba a realizar la operación, no contaban con la capacitación suficiente.

Infortunadamente, no siempre contamos con el personal suficientemente calificado para las tareas que requerimos, pero por fortuna hay algunos, que como el personaje al que me refiero, no desestima esta condición y decide dictar un curso a esos trabajadores y con ello reducir los riesgos que conlleva la ignorancia, particularmente en una operación de alto riesgo, como la que se iba a ejecutar.

La sorpresa
Este personaje, portador de sus títulos y una energía desaforada, -de hecho, a veces  similar a la de un toro de lidia en la que toda la energía se concentra en la simple acción de embestir- tiene que estructurar el curso que va a dictar a este grupo de trabajo. En este momento me comunica que el orden que seguirá en el curso inicia con la descripción de las grúas y sus partes, a lo que respondo que las mejores prácticas recomiendan un orden simple, pero generalmente aceptado en el que la grúa se selecciona después de conocer otros aspectos; entre ellos: las características de la carga, los elementos que se usarán para levantarla y el ambiente en el que se encuentra. Por tal razón es lógico que la capacitación siga el mismo rumbo y así asegurar que los asistentes aprenden en el mismo orden de ejecución, que a su vez es el mismo orden del plan de izaje.

Ya mencioné el ímpetu del personaje, por lo que los lectores de estas líneas supondrán la necia embestida de su respuesta. Pero este no es el  tema importante. Mi intención es llamar la atención sobre las mejores prácticas y su aplicación.

Al igual que en las operaciones de izaje, para muchas otras actividades existen estándares y experiencias que no resultan de la nada, ni salen del sombrero de un mago. Las mejores prácticas, resultan de haber hecho las cosas mejor. De haber ensayado y acertado en esos ensayos de manera constante. Por eso mi sorpresa fue mayúscula. Sigo sin entender por qué algunas personas de manera necia y sin fundamento, se oponen a ellas o simplemente las ignoran.

No es esta la primera vez que me encuentro con la terquedad y no creo ser tan sabio como para pensar que nunca he sido necio. Pero creo que en la medida en que somos conscientes de estas fallas podremos acudir a la razón y aprender de la historia. Es ella la fuente de las mejores prácticas y acoger las mejores prácticas facilita las cosas. Eso está probado.

Normas de Seguridad Industrial

Como en todas las actividades humanas, las leyes y normas son hechas para regular el comportamiento de todos y por supuesto, facilitar la convivencia.

Sin temor a equivocarme, creo que todos los que estamos involucrados en el tema de seguridad industrial hemos oído alguna vez frases que descalifican o buscan descalificar las normas que se han establecido.  La parte infortunada de esas afirmaciones de descalificación es que quienes lo hacen parece que miran el árbol sin considerar el bosque; pero más allá, dan la sensación que no tienen intención de hacerlo.

Para nadie es un secreto, ni es necesario hacer grandes investigaciones para relacionar accidentes con violación de normas -en muchos casos elementales- de seguridad.  La prisa, la administración por emergencia y el hacer las cosas “a toda costa” tienen un precio que tristemente pagan aquellos que “se limitan a cumplir órdenes” sin importar lo que digan las normas. La legislación de todos los países (espero que sean todos) otorga a los trabajadores el derecho de negarse a ejecutar tareas que atenten contra su salud y su integridad.  Lastimosamente muchos accidentados no están informados o simplemente no ejercen este derecho.

Por otra parte están también, las normas absurdas y el tratamiento erróneo que se pueda dar a ellas.  Si el ejecutar una tarea simple y repetitiva implica llenar formularios interminables, solicitar autorizaciones y esperar días para su respuesta, es de suponer que quien vaya a realizarla hará lo posible por evitar todo el trámite.  En primera instancia porque nadie quiere demorar más en el papeleo que en la acción y segundo, porque todos queremos ver nuestro trabajo hecho.

Cualquiera podría desprevenidamente pensar que hacer un manual de seguridad industrial e incluir normas en él es un asunto fácil, que puede hacerse en unas horas “copiando y pegando” de internet.  Bien lejos están de la realidad. Efectivamente hay algunos principios y normas generales que aplican para todos, pero extenderlas a todo el universo de la seguridad industrial es un error tan grande como frecuente.

Como principio, siempre creo que las normas deben ser consecuencias. Es decir, antes de instituir una norma se deben considerar otros asuntos como las mejores prácticas de las industrias, la posibilidad de establecerlas en cada empresa particular, los temas culturales de los trabajadores involucrados o cubiertos por ellas y las condiciones del sitio de trabajo.

Por último, quiero mencionar también la ausencia de normas. Como lo indiqué al principio, estas existen para regular nuestra interacción con los demás y la falta de ellas es abonar el terreno para el desorden.

Todos queremos normas que protejan vidas.  Partiendo de esta base, las normas deben ser:

Aplicables: Una norma que prohiba el uso de cuhillos en la sección de carnes de un supermercado no es aplicable. En este caso, debe haber una norma sobre uso de EPP.
Divulgadas: Qué objeto puede cumplir una pila de hojas escritas que permanece en un cajón bajo llave?
Comprendidas: De nada sirve un manual de seguridad industrial perfectamente impreso, con normas bien desarrolladas si se encuentra en un idioma desconocido o del cual nadie ofrezca explicación ni aclaraciones.

Concepto de Seguridad Industrial - Percepción

Cada vez que llego a una planta de producción, encuentro desde grandes vallas hasta pequeños avisos que muestran el desempeño de seguridad industrial haciendo uso de una serie de indicadores como horas hombre sin accidentes o número de lesiones para mencionar algunos.

Las estadísticas son importantes señales que nos muestran donde han fallado los sistemas y obviamente son una visión hacia atrás. Sin restarles importancia, estos números no siempre representan las probabilidades de un nuevo evento accidental o de otras fallas en el sistema de gestión.

Como complemento a esas estadísticas algunas empresas de manera inteligente y proactiva usan las auditorías para identificar con anticipación las posibles fallas y tomar acciones para corregirlas. Este es un punto de gran relevancia y en general de buenos resultados, -cabe anotar que los resultados son intangibles ya que se refieren a lo que no ocurrió- pues se evita al menos un accidente. Sin embargo, las auditorías tampoco muestran todo el panorama. Es muy poco frecuente que las auditorías muestren dos elementos que a mi parecer son críticos: la cultura de seguridad y la percepción de las personas frente a ella.

Cada vez que me es posible, sugiero incluir dentro de las auditorías, algunas preguntas que se refieran específicamente a la percepción de la seguridad y a la cultura de la organización respecto a ella, con el propósito de obtener de primera mano el punto de vista de los trabajadores sobre la gestión y con esto, información para mejorar. La percepción es un concepto interesante y de gran valor para la organización.

Conocer la percepción de las personas frente a la seguridad facilita la identificación de creencias y actitudes en el sitio de trabajo. Adicionalmente evidencia el progreso en la cultura en la medida que podamos reconocer el sentimiento de responsabilidad individual y el interés por contar con un ambiente de trabajo más seguro.

Las respuestas que se obtienen de los trabajadores mostrarán fortalezas y debilidades, así como diferencias de opinión entre ellos que también servirán para establecer prioridades y enfocar esfuerzos.

Investigar sobre la percepción requiere también considerar otros factores como: la retención de información por parte de los trabajadores, personas que dicen lo que otros quieren oir o el hecho de magnificar o minimizar determinados puntos. Al respecto recuerdo una empresa en la que todos los trabajadores -excepto uno- dijeron sentirse bien con la seguridad, recordaban y practicaban las normas y recomendaciones que recibieron en los cursos, pero ninguno mencionó que una de las bodegas de materiales era un completo desastre ni que en ese lugar había ocurrido un accidente o que en alguna opotunidad se encontraron roedores vivendo cómodamente en ella.

Como todo, evaluar la percepción tiene pros y contras, pero al final ofrece información de gran valor para el mejoramiento continuo.

El acceso público a la información

Dentro de los roles y responsabilidades de todos en la organización es permitir y facilitar que los funcionarios, contratistas y visitantes cuenten con la información relevante respecto a la seguridad industrial y las normas aplicables tanto en la organización como en algunos sitios específicos, como la planta de producción o laboratorios.

En este asunto quiero hacer énfasis, pues me encuentro con situaciones incómodas y en algunos casos hasta absurdas en las que oigo el simple argumento de “no sabía que…”.

Cuando alguien no sabe algo evidencia una falta de acceso a esa información que no en pocas ocasiones resulta vital. Y con vital, me refiero a necesario para la vida.

Esperar que un visitante conozca los sitios a los que debe o no acceder, el equipo de protección que debe usar o la manera de usarlo, sin que reciba la información, es evidentemente absurdo. Tan absurdo como pretender que un nuevo funcionario conozca las normas que no se le han comunicado o que un operador de la planta trabaje con casco si no sabe donde encontrarlo.

La seguridad basada en el comportamiento ha demostrado resultados extraordinarios en muchas organizaciones muy diversas y en todas partes del mundo. Y está fundamentada en la información. En el reconocimiento de los peligros y los riesgos, en la adecuada reacción ante ellos y en llamar la atención de los demás.

Recuerdo una ocasión en que un director de seguridad observaba unas fotografías tomadas en su planta y disgustado reclamaba: por qué el señor de la foto no tiene arnés de seguridad si está sobre el andamio? o qué hace ese señor en el laboratorio sin anteojos de protección? Quién tomó la foto no les advirtió de los riesgos que corren?

La respuesta que recibió, por supuesto, fue: ni ellos saben o son concientes de la necesidad de hacerlo, ni el fotógrafo tiene el ojo entrenado para detectar esas fallas y llamarles la atención.

Nuestro trabajo en seguridad industrial tiene un componenete muy importante de información y enseñanza diaria. Esto implica proporcionar no sólamente el libro o texto para que la gente aprenda, sino otras facilidades y posibilidades de acceder al conocimiento como cursos, prácticas y, muy importante, acceso a quienes ya conocen y tienen experiencia. Compartir esa información de primera mano es clave en el proceso de adquirir cultura. Además reduce las fallas.

Facilitemos el acceso a los conocedores y a los expertos. Empresas de clase mundial y de excelentes resultados han comprobado que es una buena práctica. Negar ese acceso a la información y por lo tanto al conocimiento no tiene sentido. Además colaboraremos para evitar que nos digan “no sabia que…”

Reuniones efectivas

La semana pasada tuve la ocasión de presenciar una reunión sobre un evento ocurrido en una empresa que resultó para mí toda una experiencia.

Los particpantes de la reunión incluían personas apenas iniciando en el tema de la higiene y seguridad industrial y un personaje con amplio recorrido en esto.

Mi expectativa inicial era que en esta reunión se iba a revisar el evento desde una perspectiva al menos cercana a lo que los protocolos y mejores prácticas recomiendan:

Hacer un recuento de los hechos
Establecer las causas inmediatas
Revisar los procedimientos
Establecer las causas raíz
Definir acciones de mejoramiento

Para mi sorpresa, toda la reunión tomaba la misma ruta: cuales fueron las consecuencias sin evaluar los hechos y sin establecer las causas.  Como era obvio, la reunión se convirtió en unos pocos minutos en un tribunal sin juez, en el cual cada uno arguyó, se justificó y en algún momento culpó a unos u otros.  De hecho, en un momento de la discusión alguien tuvo que indicar “estoy narrando los hechos” porque hasta ellos fueron puestos en duda.

En este punto, la experiencia no pasó de ser simplemente desagradable e incómoda. El asunto se complicó cuando surgió la pregunta “acaso estamos trabajando con el enemigo?” y la respuesta fue: “no tome esa actitud defensiva”.  Si vemos esas dos frases fuera de contexto, podrían tener sentido.  Pero cuando las enmarcamos en la situación, vemos que la pregunta ocurre como consecuencia de una reunión cuyo objetivo no era otro que lanzar reclamos y la respuesta es consecuencia de defenderse de la pregunta misma.

Mi extrañeza fue mayúscula, pues quien lideraba la reunión es una persona con experiencia en análisis de accidentes, con buen recorrido profesional y por lo tanto de quien menos se esperaría que permitiera y mucho menos, promoviera semejante desorden.

Como era de esperarse, la conclusión de la reunión fue… ninguna! de ella no resultó ninguna causa raíz y ninguna acción de mejoramiento.  Mi esperanza es que alguien se haya divertido.  Por mi parte, tuve contenido para el presente editorial.

Mis conclusiones al respecto, nada nuevo, pero llamo la atención sobre varias fallas frecuentes:

1.Olvidar que las fallas deben servir para mejorar
2.Hacer reclamos sin objetivos constructivos
3.Organizar reuniones sin una agenda
4.Concluir sin una lista de acciones

La Motivación

Publicado en www.ri-ol.com

Para mejorar el servicio de nuestro website, hace unos días dicidí incluir un formulario en el cual los visitantes pueden sugerir temas para las charlas de seguridad industrial que publicamos semanalmente.

El contenido del website está completamente a mi cargo y aunque sigo pensando que ha sido una decisión correcta, desde antes de hacerlo sentí temor de recibir alguna solicitud imposible de cumplir. Afortunadamente no ha ocurrido y hemos logrado publicar los temas solictados y los otros están siendo redactados.

Esta introducción la considero necesaria como preámbulo a muchas solicitudes sobre un tema que después de pensarlo mucho, decidí que es para tratar en un artículo y no en una charla de 5 minutos:

La Motivación

Por qué? simple: porque la motivación es una responsabilidad que va de la parte superior de la pirámide empresarial hacia abajo y no sube de la base.

En alguna oportunidad leí en una revista una entrevista en la que preguntaban a un alto ejecutivo de una compañía muy exitosa sobre el perfil de sus empleados y el señor indicaba: “buscamos en nuestros empleados una gran automotivación”; mi traducción de esa frase fue: “eso significa que las órdenes del jefe se cumplen a patadas y el asunto de cómo se sienten los empleados y qué los motiva nos interesa un comino”. Nunca he estado de acuerdo con esas posiciones rabiosas frente a los objetivos, ni creo que en el largo plazo den buenos resultados. De hecho, el valor de la acción de la compañía a la que me refiero ha bajado de US$57.23 en enero de 2000 a US$3.44 en agosto de 2007; lo que da para pensar que la automotivación no ha servido mucho, por lo menos en lo que se refiere al valor de la empresa.

En poco tiempo cumplo treinta años de trabajo, con altas y bajas, haciendo parte de grupos grandes o pequeños y he conocido personas con pocas habilidades motivadoras y otras con habilidades extraordinarias. Cabe anotar que en ambos casos he visto buenos resultados.

Soy un convencido que la motivación es el impulso fundamental para cualquier cosa, como levantarse en las mañanas, comenzar a trabajar, ejecutar las tareas y entregar resultados. Pero qué es eso que nos impulsa? el futuro. Una mejor calidad de vida que prevemos a través de ese trabajo que realizamos. El trabajo tiene -como todo- puntos a favor y en contra. Y sobrellevamos esos puntos en contra precisamente por esa visión de mejor calidad de vida que nos espera.

Desde mi punto de vista, la motivación tiene un par de asuntos importantísimos: El personaje que nos motiva dibujando ese futuro y convenciéndonos de que es posible llegar a el, y el otro es el ambiente para que efectivamente ese futuro llegue a convertirse en presente. En mi experiencia, este último punto ha sido el denominador común cuando los resultados han sido buenos aunque el personaje motivador no sea excelente.

Una persona muy motivadora nos dibuja el futuro, pero debe tener en cuenta que la motivación implica una colección de logros pequeños que hacen llegar al objetivo de mas largo plazo y para eso necesita que el ambiente le ayude y que los motivados perciban que en ese ambiente lo pueden lograr.

Las fallas comunes en ese camino tienen que ver con el tratamiento de algunas situaciones de las que describo brevemente algunos ejemplos:

El trabajador al que el jefe de su supervisor inmediato le permite “pasar por encima de un procedimiento establecido” aunque su supervisor inmediato haya indicado expresamente que esto no debe ocurrir. Obviamente la motivación tanto del supervisor inmediato, como del resto del grupo -que si lo cumple- no va a ser la mejor, aunque el supervisor inmediato en cuestion sea un magnifico motivador.

Otra situación es lo que algunos llaman “gerencia de excepción” en la cual a usted se le paga porque haga bien su trabajo y solo tenemos tiempo para tener en cuenta las cosas que no se hicieron… o sea, sus fallas. Estoy de acuerdo en que hay que tomar acción para lo que no se hace, pero difiero en ignorar las cosas que se hicieron bien, o dejar de analizar la situación de raíz y constructivamente para evitar su recurrencia.

O aquel ambiente en el que los oidos no oyen. Dicen que no hay peor sordo que aquel que no quiere oir. Cuántas personas ya motivadas caen en barrena simplemente porque sus sugerencias y solicitudes encuentran oidos sordos?

Y finalmente, aunque por supuesto hay muchas más, la objeción. Encontrarse en una situación en la que su sugerencia es oida pero objetada para llegar a una calle sin salida en lugar de buscar la manera de realizarla? esto es frustrante y más aún si esto ocurre repetidamente.

Definitivamente el ambiente en el que el logro se dificulta es tan desestimulante y desmotivador… como una reducción del salario que impida creer en una mejora de la calidad de vida

Análisis de Seguridad en el Trabajo - Una estrategia de prevención de accidentes

Publicado en www.ri-ol.com

La prevención de los accidentes es la materia prima de la mayor parte de declaraciones de políticas de salud, seguridad y protección del medio ambiente en las empresas. La palabra prevención aparece inevitablemente en la fórmula que se establece para intentar mantener a raya los accidentes en la empresa.
También la prevención es considerada clave en las campañas institucionales que se repiten por lo menos una vez al año, especialmente cuando se celebra la famosa “semana de la seguridad”. Prevenir es mejor que lamentar, dicen los afiches, prevenir es mejor que curar, la prevención es la mejor herramienta de un programa de seguridad industrial, dirán otros.
Pero nadie que le apueste a esta actitud describe los métodos prácticos de la prevención. La palabra prevención se lanza al aire como una especie de reto a toda la comunidad trabajadora, pero el texto que la contiene muchas veces se queda a ese nivel, el texto de una política, muy pocas veces desarrollado en términos de la prevención que se pregona.
Pero… se requiere que entendamos qué es lo que realmente queremos y debemos prevenir.
Lo primero que tenemos que tener en mente es que toda actividad humana está rodeada de peligros, que se definen como aquellos actos o condiciones que pueden causar un daño.
Lo segundo es que para poder prevenirlos, debemos identificar todos y cada uno de los peligros presentes en toda tarea laboral.
A continuación tenemos que definir qué controles debemos implementar y aplicar, a cada uno de los peligros identificados, para evitar que éstos se puedan materializar en eventos accidentales, o de acción acumulativa, que puedan producir daños, cualesquiera sea la magnitud de esos daños.

Hacer todo lo anterior significa analizar todos los aspectos de seguridad de la tarea, lo que constituye el Análisis de Seguridad del Trabajo, una de las mejores y más sencillas técnicas de prevención, a la cual deben tener acceso todas las personas que de una u otra forma enfrentan cotidianamente los peligros propios de la actividad laboral. Es lo que se ha popularizado ya con el nombre de AST.
Hablando de prevención, voy a incluir en este escrito un ejemplo bastante notable: Franz Kafka, el connotado escritor checo, autor de “El Proceso” y “La Metamorfosis” fue un destacado profesional de la prevención. Así lo indica el artículo que publicó en el periódico Gablonzer Zeitung, el 2 de mayo de 1910 bajo el título “Indicaciones de prevención de lesiones en trabajos de maquinarias para elaboración de la madera”. En su crónica, Kafka determina que la frecuencia de accidentes es mayor en la máquina canteadora y recomienda otro tipo de cuchillos.
Destaca, en un artículo titulado “Medidas para la prevención de accidentes” el ejemplo de cómo el cuchillo en la cepilladora reduce la cantidad de accidentes a los operadores.
Demuestra asimismo que la frecuencia de accidentes y lesiones se puede minimizar en los trabajos de diferentes máquinas, con la colocación de protecciones en los puntos de transmisión y operación.
En su papel de prevencionista creó y seleccionó varios elementos de protección de máquinas, en original o como modelo; seleccionó elementos de protección personal, material que se mantuvo en oferta para cualquiera que se interesara. Además, preparó las dispositivas en material para la capacitación de diferentes arreglos de seguridad y elementos de protección personal. Fue funcionario de la Oficina Aseguradora de Trabajadores para el caso de Accidentes, con sede en Praga, en donde trabajó durante 14 años hasta ser pensionado por invalidez en 1922.
Lo que hizo Kafka fue intervenir directamente, no solo en la formulación de las necesidades de prevención, sino que él mismo identificó los peligros, diseñó equipos de protección, tanto para maquinaria como para personal, y especificó procedimientos de prevención, además de que educó a los trabajadores en métodos de prevención de ACCIDENTES Y ENFERMEDADES. Y esto lo hizo a comienzos del siglo XX cuando no había mucha tecnología desarrollada, tanto para producir bienes de consumo como para prevenir riesgos en la actividad productiva.
Cuando Kafka estaba en plena madurez preventiva, nació la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1919, como fruto del Tratado de Versalles que puso fin definitivo a la Primera Guerra Mundial, para iniciar tímidamente la gran tarea que cumple actualmente en defensa y protección de los trabajadores contra los riesgos existentes en los lugares de trabajo.
Como dato adicional, de gran importancia, Peter Drucker, el llamado Padre de la Administración, revela en su libro “Managing in Next Society” que Franz Kafka inventó el casco de seguridad. Por ese invento recibió una medalla, en 1912, debido a que se comprobó que su uso produjo una reducción en lesiones mortales en la fábrica de acero de Bohemia, a menos de 25 por cada 1000 trabajadores.
Hay un hombre ilustre, considerado el más sobresaliente consultor de prevención de accidentes que hay en los Estados Unidos, cuya fama trasciende las fronteras, puesto que es bien conocido en todo el mundo. Su nombre es Frank E. Bird, fundó y presidió por años el International Loss Control Institute (ILCI). Es autor del libro Administración Práctica del Control de Pérdidas, en el cual escribió lo siguiente:” Si no te interesa hacia dónde vas, cualquier camino te llevará allí. Cuando realmente te interese hacia dónde vas, querrás tomar el mejor camino.” Y continúa: “La experiencia de los otros que realizaron el viaje con éxito puede darte el mapa que te ayudará a planificar, organizar y dirigir la forma de controlar las pérdidas accidentales. Mi objetivo aquí, por consiguiente, es compartir experiencias con ustedes para evitar caer en ese peligro latente que tiende a desviarnos del camino, y darles algunas ideas para mantenerse en la senda del éxito”.
La labor prevencionista del señor Bird lo ha llevado a los escenarios y organismos en todo el mundo, adonde han llegado sus enseñanzas. Fue Frank E. Bird quien ideó el Triángulo de Bird, después de analizar más de un millón y medio de reportes de investigación de accidentes, durante su labor en una compañía de seguros contra accidentes en la industria. Al cabo de este estudio, que le tomó mas de cuatro mil horas, llegó a la siguiente conclusión: por cada accidente con lesión incapacitante, con pérdida de más de tres días, se presentan 10 con lesiones menores, sin incapacidad, treinta accidentes con daños materiales a la propiedad y 600 casi-accidentes, que no producen lesiones ni daños.
Hay, por supuesto, muchísimos más personajes, la mayoría incógnitos, que han dedicado y siguen dedicando todos los días de su vida a la labor de prevención, con la mira puesta en la disminución del dolor humano producido por las miles de lesiones que se producen en la exposición de los trabajadores frente a los peligros del ambiente laboral.
Miremos algo de cifras. Según la Federación Colombiana de Aseguradores, Fasecolda, en 2006 hubo en Colombia 291,806 accidentes de trabajo (uno cada dos minutos trabajados), 43,500 más que en 2005 y 68,174 más que en 2004. De esos casi 300 mil accidentes de 2006, 483 se convirtieron en muertes, más de uno por día. En 2005 los muertos fueron 450. ¿Cuántos de estos accidentes, incluyendo las muertes, se pudieron haber prevenido? La respuesta: posiblemente todos.
¿Era necesario que estos accidentes ocurrieran?
Respuesta: definitivamente NO.
¿Y qué pasa con los planes de prevención que establecen las leyes laborales y que se mencionan en todas las declaraciones de políticas de seguridad de las empresas?
¿Fracasan los programas de prevención de accidentes? ¿Por qué?
Ray Lehr, Coordinador de Programas de Prevención de Accidentes de uno de los gremios más grandes en los Estados Unidos, Asociación Americana de Manejo y Tratamiento de Aguas, pronunció hace muchos años una alocución en un Congreso del ramo, donde dijo, entre otras cosas: “ Por qué fracasa un programa de prevención de accidentes, o cualquier programa? Una razón, de hecho, es la falta de compromiso de la gerencia. Si su gerente no apoya financieramente al programa y le dedica tiempo, o no lo apoya, yo les garantizo que el programa está predestinado al fracaso. No es necesario que sea un programa de prevención de accidentes.
La primera causa del fracaso de un programa de prevención de accidentes es la falta de compromiso por parte de la gerencia. Y bien, ¿qué significa, para mí, compromiso? Nadie está en contra de la prevención de accidentes y sería disparatado de mi parte si yo me levantase y dijese, Cáspita! Enrique, el gerente está en contra de la prevención de accidentes. La gente no está en contra de la prevención de accidentes, sólo le falta comprensión. Nadie desea ver gente que se lastime. Aceptemos todo esto. Todos nosotros en nuestro carácter de gerentes y supervisores estamos comprometidos con la prevención de accidentes. Lo que ocurre, quizás, es que no estamos lo suficientemente comprometidos.
Compromiso significa participar activamente en el programa de prevención de accidentes.”
Continúa Ray Lehr, cuando hace referencia a Peter Drucker. “En uno de sus libros hizo este comentario: La ignorancia sobre la función de la gerencia, de su trabajo, de sus normas y de sus responsabilidades es una de las debilidades más serias de nuestra sociedad industrial, y es casi universal. Permítanme ahora frasear un poco esta expresión. El mayor fracaso de un programa de prevención de accidentes radica en la falta de de comprensión de la manera de controlar las pérdidas accidentales debido a la ignorancia del trabajo que hay que hacer para prevenir accidentes, y de las responsabilidades que hay que asumir para alcanzar el éxito del programa. Cuando uso la palabra ‘ignorancia’ no quiero decir ‘estupidez’; quiero decir falta de conocimiento. Los gerentes no son estúpidos pero sí ignorantes, porque no fueron educados sobre los elementos que conforman los programas de prevención de accidentes.”

Bueno, ya que llegamos a este punto, ¿qué sigue? Pues la acción. Una vez que nos hemos comprometido, debemos identificar las actividades necesarias para que el programa sea efectivo. Tenemos que identificar aquellos elementos que consideremos críticos para tener un programa de prevención de accidentes. Por ahí comienza el trabajo. Hasta cierto punto, para un buen programa la mayoría de actividades de trabajo tienen que formar parte de él. Una vez identificados los elementos críticos, debemos volver a Drucker con respecto a sus comentarios sobre la ignorancia de las normas:” Debemos establecer normas para desarrollar los programas, asignar responsabilidades a las personas que deben aplicar y vigilar el cumplimiento de esas normas. Toda la línea de mando debe asumir sus responsabilidades, enmarcadas dentro de los programas creados por las políticas. Si un supervisor no asume responsabilidades hacia la prevención de accidentes y no se le exige una rendición de cuentas, el programa no funcionará, o no existirá. La prevención de accidentes es una responsabilidad de la gerencia de la línea de mando. Los coordinadores de seguridad que existen en las empresas desempeñan funciones de asesoría, no pueden ser responsabilizados de la prevención de accidentes. Esa responsabilidad es de la línea de mando. El coordinador tiene funciones de auditar, consultar, ayudar a proporcionar pericias técnicas, ayudar a organizar reuniones de prevención de accidentes y desarrollar programas, pero no es responsable de ponerlos en práctica. La supervisión, en toda la línea de mando, es la responsable de la prevención. Esto tiene que ser claro.
La propuesta que aparece en el titular de este artículo, AST una estrategia de prevención, es una de las formas más usadas para descubrir los peligros de toda tarea y programar acciones para eliminarlos o controlarlos. El AST también puede contribuir a la educación de los trabajadores en todas las operaciones. Es una buena manera de familiarizar a los trabajadores con los peligros de su tarea, para ayudarlos a reducir errores en su realización.
El análisis de seguridad del trabajo (AST) es una herramienta útil de la administración, que permite identificar sistemáticamente los peligros potenciales y las medidas que deben tomarse para eliminarlos, antes de que ocurran los accidentes.
Los beneficios máximos del AST se obtienen cuando se ponen en práctica los resultados del análisis. Una vez establecido, un programa de AST puede convertirse en el fundamento sobre el cual se han de desarrollar muchas otras actividades de entrenamiento de seguridad para el trabajador. Un programa de éstos, documentado y actualizado, se convierte una excelente guía para el entrenamiento inicial y recordatorio del trabajador.
Cualquier investigación de un accidente debería tener un análisis de AST para asegurarse de que es correcta, que se encontraron todos los peligros y que se propone tomar las medidas apropiadas para evitar su repetición.

Dudas y Hechos

Publicado en www.ri-ol.com

En mis años de vida he visto un buen número de personas que dudan de una cantidad enorme de cosas y sobre muchos temas: desde el tiempo que demora la ejecución de una tarea, hasta la manera como se debe enviar un email, pasando por normas técnicas y las mejores prácticas de una industria.

Infortunadamente, estas numerosas dudas se repiten particularmente en algunos incrédulos que se apropian de la verdad o simplemente ignoran la realidad frente a sus narices. Curiosamente esta actitud evidencia la necedad de un punto de vista miope o la terca ignorancia de las cosas.

La seguridad industrial, como muchos otros temas de intervención humana es susceptible de interpretaciones dado que no es una ciencia exacta. En realidad no hay una máquina calculadora de desastres o impactos. Pero a su favor cuenta con regulación, mejores prácticas y criterio gerencial.

La regulación tanto estatal como la de la propia empresa es el marco que delimita las acciones y evita los excesos. Las mejores prácticas hacen recomendaciones basadas en la experiencia, pero es el criterio gerencial el que a la hora de la verdad hace una diferencia que permite el desorden y las interpretaciones acomodadas o de otro lado, el ajuste a la realidad; pues el criterio para interpretar los hechos es el que efectivamente puede dirigir la organización hacia la ley del salvaje oeste donde la duda reina y como consecuencia la ley del mas fuerte, o hacia el orden y la adecuada prevención.

Un buen criterio debe ser objetivo, juicioso y ajustado a los hechos. No es necesario esperar o permitir que el accidente ocurra. Si la condición insegura se identifica o el desorden se ve creciente, es necesario apoyarse en los hechos y usar ese criterio para eliminar objetivamente la duda. No quiero decir con esto que se ignore el consejo de los conocedores del tema o de los trabajadores que están al frente de las máquinas. Quiero precisamente llamar la atención de la negación de las cosas solo porque sí, o porque lo dijo uno de aquellos miopes que ya mencioné.

Es muy poca la información estadística precisa sobre la accidentalidad industrial, aunque todos sabemos que los números son altos tanto en pérdidas materiales como en lesiones y vidas. De hecho, unos de los números más ajustados a la realidad es la accidentalidad vial y por lo tanto me voy a apoyar en ellos.

En Colombia se registraron más de ciento ochenta mil accidentes viales en 2005 y eso es un hecho. Según la teoría del iceberg, un accidente sólo es la muestra visible de una gran cantidad de fallas que ocurrieron antes del accidente. Cualquiera podría dudar de la ocurrencia de un accidente en el vehículo de la empresa ignorando su falta de mantenimiento o podría “estimar” que un trayecto se debe hacer en menos tiempo. Invito a los supervisores y gerentes a apoyarse en estos hechos, a revisar estas dudas, estos dudosos y a usar el criterio objetivo para evitar ser parte de esos números.