El trabajo en los laboratorios, sean químicos, clínicos o de cualquier otro tipo, presenta por su naturaleza misma muchos riesgos a los que debemos prestar atención, pues todos ellos pueden tener grandes y desastrosas consecuencias.
Ese es nuestro tema de hoy. En un laboratorio, es indispensable recordar y asegurarnos de algunas reglas que permitan una operación sin fallas de ninguna clase, siempre recordando que podemos ocasionar verdaderos desastres.
Primera regla: Orden y aseo Los laboratorios están llenos de sustancias: reactivos, muestras u otras sustancias requeridas para su operación. También encontramos los elementos propios de la operación, como: probetas, tubos de ensayo, pinzas o guantes.
Imaginemos por un momento que alguno de ellos se extravíe y que en el momento en que estamos en medio de una prueba, debamos interrumpirla para buscar ese elemento perdido. Perdemos tiempo y posiblemente debamos iniciarla nuevamente porque se contamina la muestra o se evapora la sustancia que usamos para la prueba.
O que todo se encuentra en su sitio, pero la falta de aseo deteriora las marcas que realizamos, las sustancias que usamos para nuestras pruebas. O peor aún, el deterioro de las muestras mismas.
Segunda regla: Personal autorizado Los laboratorios no son salas de reunión. Son lugares que deben garantizar confianza, tanto para los usuarios de éstos, como para nosotros mismos. Cualquier personal extraño que no tenga conocimiento de lo que se hace y lo que se encuentra en ellos debe evitarse.
Qué pasaría si alguien extraño -por accidente- tumba o deja caer un recipiente con alguna sustancia que representa peligro químico o biológico y no sabe como reaccionar ante este evento?
O si uno de nosotros mismos abre un envase esperando encontrar una sustancia y en realidad en envase contiene otra?
Tercera regla: Marcas y señales perfectas El laboratorio debe contar con señales claras que permitan la seguridad de las personas. Todas las sustancias deben contar con una ficha de seguridad MSDS y las señales de prevención del caso, como esta:
Todo recipiente o contenedor en el laboratorio debe indicar clara y expresamente la sustancia de su interior. Alguna vez me contaron de alguien a quien le diagnosticaron una enfermedad por una confusión de las muestras en el laboratorio. Piensen ustedes por un momento el daño tan grande que se puede ocasionar a una persona mal diagnosticada, por haber confundido una muestra en el laboratorio y el mal nombre que adquiere un laboratorio que no es confiable.
Cuarta regla: Atención y cuidado en lo que hacemos La atención en el laboratorio no es opcional. Es un requisito! Además hay momentos de particular cuidado, como aquellos en los que estamos marcando envases, vertiendo alguna sustancia peligrosa o tomando nota de alguna situación especial.
No distraigamos ni permitamos distracciones durante el desarrollo de nuestro trabajo en el laboratorio.
Hagamos de los laboratorios lugares de confianza para los usuarios de ellos. Esa confianza es la clave para la continuidad de nuestra labor.
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